EL MENDIGO
Atardecía... Y el mendigo meditaba...
Meditaba en la limosna de ese día;
y, pensando en la gente miserable,
airado miró al sol que, inalcanzable,
una moneda parecía.
Y esa noche, caminando
la vereda del alegre boulevard,
oyó que alguien una moneda le pedía...
Era otro mendigo cansado de rogar.
Aún airado, se detuvo...
y le dio la moneda que tenía.
MISERIA
"Miseria" es la Bruja del Cuento arrabalero
que los niños oyeron de un joven marinero
contrabandista de armas.
"Miseria, en su barca,
navega en los esteros,
espantando los peces
con su remo de hueso".
"Cuando avanza en el campo,
su talón maldito infecta los huertos;
y aleja la nube;
el huracán de su aliento"
"Contagia a los niños
su beso epidémico.
Enciende los velorios
en el arrabal del puerto".
"Ella es la que clava los ataúdes blancos".
RACIMOS
Cada mañana el arrabal oía el pregón de la Fruta...
La niña descalza empujaba su carga dorada,
y era triunfal el avance de su Carretilla.
¡Casera! ¡Casera! ¡Caserita!
Rodeaban la Carreta, los niños, las niñas...
El limpiabotas descalzo, y todos los pequeños
Héroes en la resistencia al Hambre, a la Epidemia,
a la Fatiga.
Concurrencia puntual
a la fiesta matutina;
aleteo de ángeles
mutilados, sin Capilla;
damitas descalzas,
buscadores de azúcar.
¡Casera! ¡Caserita!
El mejor Racimo no se vendía:
lo regalaba la Carretillera
en el estuche de sus manos limpias.
Luego se adentraba en la Ciudad,
y medía la Jornada en esquinas.
A lo lejos, amarilla y brillante la Fruta
la Carreta parece una lámpara
en las manos de una niña guía.
¡Casera! ¡Casera! ¡Caserita!
Cuando en la Jornada, en su lucha cívica,
cayó la Carretillera,
al cementerio llevaron todos
su blanco ataúd en un nudo de brazos.
La tumba quedó como un florero de piedra;
y en un muro escrita, con tiza de la escuela,
la palabra injusticia.
Cogidos de las manos se retiraron los niños
en apretado y silencioso cortejo,
militante en su tristeza.
Los niños pobres, quebrados,
en el denominador común de la Miseria,
empujarían la Carreta.
La Hermandad había aprendido la lección de la Fruta:
la esbeltez y pujante renovación de la planta,
-relevo por sostener la antorcha del fruto-,
la íntima y vigorosa unidad del Racimo.
SOMBRERO
Rústica hoja de palma, primero;
paja reseca al sol del Ecuador,
lavada en luz de lucero,
subyugada por brisas de estero.
Hilos de seda vegetal,
encaje tejido por dedos puntuales y serenos.
Sombrero de paja toquilla,
como la espuma, ligero;
cordial, como las manos pulcras
de las mujeres que lo hicieron.
(Fue un sombrero y no un lienzo
el que tejía Penélope)
Laurel en tu frente ceñido,
pañuelo que fija tu pelo.
Bajo su ala estalla el disparo negro
de tus ojos
MADRE
Tuve siempre miedo de ella. De vez en
cuando recorría el centro de Guayaquil,
haciendo ostentación de su enorme
barriga Para cualquiera hubiera sido,
a primera vista, una mujer embaraza-
da .Pero, para nosotros, que la conoci-
mos varios años, era una pobre loca. Su
locura , era la locura de querer tener un
hijo . Su esterilidad era la causa de su
demencia . Era una locura ostentosa.
Caminaba, con el orgullo de una mujer
Embarazada , pero, con tanto empuje,
que denunciaba su ficción . Estaba tan
cautiva de su aberración que despre-
ciaba a todas las mujeres .Yo tuve la
impresión de que ella , de puro orgullo,
quería hasta escupir en el suelo. De re-
pente , se detenía, y cantaba una
canción de cuna. Hace tiempo la he dejado
ver .
Después de la muerte,
¿Adónde irán las almas de los locos?
¿Permanecerán desequilibrados sus
espíritus? Dios tenga piedad, y que,
cuando ella muera, se sienta acompaña-
da por el niño imaginario que lleva en
su seno
LIMPIABOTAS DESCALZO
(Fragmento)
Así como en el parque revolotean los pájaros
tras una miga de pan,
los limpiabotas descalzos
se disputan los zapatos
de los clientes del Café.
Portando cajas rústicas
con cepillos, tintes, trapos,
dejan los zapatos como espejos
aunque ensucien sus manos.
¡Qué ironía! Limpiar calzado,
estando descalzo.
El zapato es una estrella
ajena entre sus manos.
El otro día, uno de ellos
murió de un disparo
que, en una taberna, le hizo
un policía borracho.
Hoy, los he visto subir
al Palacio de Justicia,
cumpliendo su consigna
de pájaros solidarios,
de pájaros embetunados.
Hay quien cree que es mendigo
quien sólo pide trabajo.
Nada valen, Guayaquil,
tus Parques, tus Campanarios,
mientras en tus calles deambulen
bandas de niños descalzos.
Los niños, a media noche,
Se retiran cansados
riéndose de las leyes
Que prohíben el trabajo
de menores y el trabajo nocturno.
Yo propongo que en Cuaresma
El Cardenal del Palacio,
contrito , limpie los pies
de Limpiabotas descalzos.
CANTO AL NOVATO UNIVERSITARIO
Sentimental , idealista,
combativo novato,
realizador de ilusiones
luchador temerario.
Tu abrirás el camino
y seguiremos tus pasos.
Tu construirás los puentes
que habrán de reconciliarnos.
En ti crepita la hoguera
que habrá de iluminarnos;
para ti no hay barreras,
trasmítenos tu entusiasmo.
Maestro de campesinos,
Redentor suburbano.
Tu derogarás los códigos
que nos desilusionaron,
dispersarás las cenizas
y encenderás el faro.
Busca con tu utilidad
la adicional del Estado;
solo siendo honesto
serás revolucionario.
Prueba al fin que cumpliste
consigna de universitario,
que es vivir por ideales,
que es avanzar estudiando.
Solo entonces el pueblo
te hará un arco triunfal
para cruzarlo a tu lado,
en un remolino de brazos
de guirnaldas y de cantos.
SUEÑO COLECTIVO
Los estibadores duermen, con el mismo sueño,
en los portales del malecón:
Esperan los buques para cargar los racimos;
duermen sobre el periódico que alguno encontró.
Los estudiantes vienen. Es de madrugada.
Los estudiantes marchan cantando una emoción;
cuidando su sueño, callan cuando pasan,
y uno de ellos dice: "Cuánto honor sería
que sobre algún poema mío duerma un trabajador."
MURMULLO DE UN CARACOL
( A los indios emigrantes )
Zarparon de América en busca de otra América,
y fueron arrimados en el fondo del barco.
Eran fugitivos de centenarias promesas,
de quinientos años de páramo.
Ensartaron sus diminutas ilusiones,
que fueron cuentas de un nuevo rosario.
Campana volcada de rezos y protestas,
se hundió la nave en el océano.
Lloró un arcángel en el fondo del mar.
Y en el caracol perdura la queja del espanto.