INTEGRIDAD
No puedo juzgar a un hombre, sólo por su derrota
de árbol vencido por su propio ciclón;
y acusarlo por su último acto, por su espina y su sombra,
consciente de que fué espiga, chispa y canción.
Sería injusto juzgar a un árbol sólo por su otoño.
porque su hojarazca puede inducirme a error.
Como el árbol, el hombre tiene estaciones
su calendario feliz y su horario de horror.
Un hombre debe ser juzgado con todas sus banderas,
con su razón, y su sinrazón.
RÍO REDONDO
La vida cae como un río.
Río de sangre que viene descolgándose.
Cascada de siglos.
Río espantoso y fuerte.
Río sin fin. Río redondo
condenado a acumularse y a reventar en sí mismo.
Río que desemboca en su propio y único afluente,
que es la arteria yugular de Dios.
Río que viene retumbando,
que solloza y canta,
que se revuelve y crece.
Las generaciones se pasan en la cópula la antorcha de la vida.
AMOR ATÓMICO
Soy idólatra de un nuevo culto
que proclama que el amor es un multitudinario holocausto.
La vida es un concurso extenuante de belleza; de resistencia;
una orgía visual.
Un gentío de mujeres se desnuda en las revistas
y han transformado la biblioteca en gineceo.
En el cine, en el bar, la muchedumbre copula simultánea y
mentalmente con la actriz.
Debemos soportar la crueldad de tanta belleza inasible,
extenuados por el frenesí del deseo feroz siempre insatisfecho,
permanentemente exacerbados, hasta el delirio.
En la televisión la propaganda baraja un naipe exótico de
mujeres prodigiosas;
el motor nos traslada velozmente a la playa nudista;
la radio difunde la queja gozosa del orgasmo;
el disco descongestiona en el baile las caderas jubilosas.
En el avión y en el tren, turistas, en los buques,
vimos sin conocer a los seres que pudieron hacernos felices;
pero nuestros itinerarios chocaron como espadas irreconciliables.
Docenas de millones de seres espléndidos
cruzan, pasan, sin que podamos entendernos.
Entre èllos pudo estar nuestro obsoleto y necesario amor ideal.
Somos los incansables sembradores condenados
a sembrar y a marchar al destierro.
Nunca veremos florecer los zurcos
porque la multitud nos empuja a otros nuevos.
En cualquier mujer descargo, como un estibador prolijo,
el peso insoportable de mi inconmensurable deseo.
No es éste el tiempo del amor singular,
del amor inocente y sabio , que creía ser eterno y único;
el ser humano ha sido multiplicado, aturdido, saqueado, por tantas
alternativas.
Este es el siglo del amor tumultuario,
del amor vertiginoso.
Nuestra era ha producido una avalancha de seres portentosos,
bellos, eficientes, honestos, competentes y cordiales.
Cualquiera de ellos es bueno.
Esta es la era del amor multitudinario;
amor masivo,
apocalíptico.
Amor atómico! Explosivo, expansivo, arrasador, irresponsable;
inexcusable si no iluminara a ratos la espantosa noche de nuestra soledad.
LÁGRIMA
Yo defiendo esta lágrima.
La guardo siempre pendiente
de una mejor circunstancia.
No obstante ser una sóla,
late, caudalosa, represada.
Semilla de fuego. Chispa encerrada
en la nuez de mi tristeza.
Más de una vez, penas tenaces
casi la hicieron saltar de su veta
incrustada en la mina acantilada de mi alma.
Pero el hombre solo tiene derecho a una lágrima.
Y, por eso, guardo la mía,
para una mejor circunstancia.
X
No es cierto que en las Matemáticas no hay Poesía.
Ciencia de la cantidad.
Porque aún su rigidez tiene un tendón
de sensibilidad.
Hermandad de mendigos ciegos.
Nudo.
Abrazo de árboles que no tienen otra forma de abrazarse
que cruzarse.
Viejos amantes, tambaleantes
que se apoyan entre sí.
Náufragos a punto de caer, con la última ola.
¡Signo de multiplicar!
Matrimonio.
Unión actual e indisoluble
que cumple con el fin de vivir en paz,
de auxiliarse mutuamente,
de procrear.
¡Signo de multiplicar!
GRAVEDAD CELESTE
Quiero que sepas cazador de alcatraces
que desprecio tu corazón y tu escopeta.
Si dispararas por satisfacer tu hambre
te perdonaría por descolgar una estrella.
Mas sólo quieres colmar tu vanidosa puntería,
y derribarías a un ángel si lo vieras volar.
Verás que los ángeles caen hacia arriba.
VOCACIÓN
Sé que estoy muriendo; y, sin embargo, no debe importarme.
Sé que sangro;
que la herida es fatal; y, esto no obstante,
debo permanecer impasible.
Siento el golpe mortal,
contundente y certero,
capaz de derribar la estatua del parque,
y debo, a pesar mío,
mantenerme erguido,
sintiendo mi corazón golpear
como un martillo
Campanario que un monje loco toca, furiosamente,
Tambor de sangre.
Pero, ¿Por qué? ¿Por qué
esta obligación de seguir enhiesto, y aparecer imperturbable,
en vez de dejarme caer, gustosamente, vencido
por mi propio dolor, por mi misma sangre?
Si, en verdad, duele,
si importa,
si mana,
si golpea,
si mata?
Porque... ser hombre es difícil
y debo ser, eso soy. ¡sólo un hombre!
FLOR DE CACTUS
También el hombre puede florecer;
y es entonces como el agresivo cacto del desierto de piedra
que de improviso vierte el copón inaudito de su fantástica flor.
Así es el hombre.
Nadie espera de él sino un puño cerrado;
y aunque no se perciba el campanario de su corazón,
un día iza la bandera de su amor.
BRINDIS
En el bar, reunidos,
por ella brindábamos.
-Fue infructuoso argumento,
mi poema y mi canto.
-En mi prisa, ofrecí
mil billetes de Banco.
-Yo un nido a la ingrata,
un nido de brazos.
-Yo, los besos más bobos
-Yo, los besos más sabios.
¡Cuán esquiva y huraña!
¡Qué segura a su paso!
¡Cuántos besos le dimos,
besando otros labios!
-Es esquiva, pero ama,
interrumpió un extraño:
¡Yo lo he visto! La he visto,
-¡Quién pudo pensarlo!-,
asomada al espejo, mirarse
y besarse ella mismo en los labios.
MATERIA
Quién sabe, si, después de muerto,
conmovido ante el recuerdo,
querré, otra vez, recogerme en la materia...
para sentir de nuevo.
Estar, como ahora,
sustentado en hueso,
fortalecido en músculo,
humedecido en sangre,
adolorido en ideas.
Yo sé que, cuando muera,
me sentiré desarraigado,
desprovisto
tronchado,
que evocaré ilusionado la tierra.
La Tierra...
con su fuego,
con su océano,
con sus hielos,
con tus besos.
No. No podré conformarme.
Mi espíritu, nostálgico,
buscará el cementerio,
revisará las lápidas,
reclamará su cuerpo.
Y cuando un ángel proponga
distraer su tedio,
insistirá en jugar
con fuego en el cielo.
TRIBUNAL DE GUERRA
(Parábola)
El Amor fue capturado en la guerra! Fue sorprendido
cuando enterraba la cabeza de un niño víctima del último
bombardeo. Como su mensaje no había sido acogido y su
campanada había sido ahogada por los cañones, El Amor
había decidido presentarse en el campo de batalla, y par-
ticipar activamente en la contienda. Los dos bandos venían
buscándolo hace tiempo, porque El se había declarado ene-
migo de ambos, y porque su intervención en la guerra había
causado considerables estragos a las partes. Tomado pri-
sionero, fue juzgado por un Tribunal integrado por oficiales
de ambos ejércitos. Se le pidió decir la verdad, e interrogado
sobre su nacionalidad, no respondió. Preguntado sobre su
edad, no contestó, y su silencio confirmó su culpabilidad. Se
lo acusó de espía de ambos contendientes, y El admitió
haber contado, como espía, un millón de muertos. Fue acu-
sado de haber arriado las banderas de ambas naciones, y
El afirmó haber izado la bandera de la Paz. Fue acusado,
a gritos, de muchos otros crímenes: de desarmar minas, de
rehacer puentes, de incendiar depósitos de napalm; y El
reconoció, además, haber asaltado almacenes de vituallas
y haberlas distribuido entre la población civil. Más aún, El
acusó a los fabricantes de armas de especular con la vida
de las tropas. El acusó a ciertos mercaderes de utilizar los
ejércitos de las naciones para amparar marcas de fábrica.
Su insolencia indignó a los Jueces, y fue conminado a re-
velar su secreto. El afirmó que su profesión era combatir la
guerra. Fue, pues, condenado a muerte, y ejecutado en cam-
po neutral. Sus restos, abandonados en el campo, fueron
recogidos en la noche y honrados por los hijos y las mujeres
de los guerreros, mientras en el cielo estallaban, como gra-
nadas, las estrellas.
INVOCACIÓN DE UN PROFESOR DE ANATOMÌA
(Parábola)
¡No matéis a ese hombre! Respetad su piel. Como la
superficie de un astro la piel presenta surcos, eminencias,
orificios, pliegues. Y cualquier hombre vale más que la más
rutilante estrella. No dañéis su piel con vuestras armas.
¡Deteneos! La piel, con sus músculos, vasos, nervios, glàn-
dulas, tiene su propio destino. Su piel respira, absorbe,
protege, termoregula, secreta, siente. Enriquece el ce-
rebro acumulando en él sensaciones. ¡No disparéis! ¿Por
qué destruir tan preciosa membrana? ¿Por qué cotizar la
piel de zorras, ratas y lobos y lucirlas como artículos de
lujo; y, en cambio, agujerear, cortar, quemar la piel del
hombre?... No encendáis vuestras bombas. Fijaos. La piel
es muralla que protege sus complejos órganos internos de
la precipitación del polvo, del embate del agua y del asalto
del viento. Y es, a la vez, lámina sensible, elástica y flexible.
Guitarra de carne. Filtro vivo. Red. Es su frontera con el mun-
do exterior; y en ella, sus nervios, como guardianes insomnes,
recogen y trasmiten mensajes. Sus fibras musculares tienen
el poder de enarbolar pasiones con sus secretos impulsos.
Oídme. No lo acoséis. Su piel recogió la humedad del mar,
el calor del beso, la dureza del camino; y en sus vasos san-
guìneos, las células brindarán por sus nuevos amores. Ella
transpira su esfuerzo y se ilumina con su ira y vergüenza.
Dejadlo, pues. ¡Guardad vuestros puñales! ¡No toquéis a
ese hombre!
COCTEL
Tomo, pausadamente,
mi coctel de sangre.
Baja, como un torrente,
abriendo cauce en mi carne.
Río subterráneo, revuelto,
que va derribando estatuas.
Cascada feroz que estalla,
que revienta en mi pecho.
Me embriago locamente,
me inundo de sangre.
Sangre en los zapatos llevo,
i, en los bolsillos, sangre.
Caldo espeso, hirviente, amargo,
salobre, crepitante.
De músculo, nervio i hueso molidos
está hecho el brebaje.
Mi corazón es el molino
que tritura tempestades.
Se está quemando mi alma
en un incendio astral que no puede apagarse.
Que no quiero, ya, que se apague.
Mi alma, convertida en polvo,
formó un vendabal color beige
al ponerse el sol esta tarde.
Mi corazón es la calavera
donde brindo mi coraje.
Un rayo ilumina mi isla,
mi arenal, un instante;
femenina, festiva i galante,
me acompaña mi bandera
columpiándose en el aire.
GRAVEDAD ESPIRITUAL
Del árbol nervioso de tu cuerpo
penden tus ideales, tus urgencias, tus miedos,
y todo el peso del alma fluye hasta tus pies
descansando en tan tierna arquitectura.
Como fruto que cae en tierra acogedora
se tiende a dormir en los pies tu alma:
suelta, desatada, libre... en la sábana.
ETERNIDAD DEL CUERPO
Ya no temo a la muerte , y me ha bastado
comparar al hombre con el fruto de un árbol.
Semilla fiel de otro es cada ser humano;
sobrevivimos ...en el hijo que engendramos:
Tendrá células mías
un ser que habite después de mil años.
LOS MIEDOS
Interrógalos, ahora mismo, uno por uno,
enfréntalos, sin bajar tus ojos.
Que sepan de una vez que estás dispuesta
a desenmascararlos a todos.
Verás que irán retirándose uno tras otro:
cada miedo ante una reflexión.
PADRE NUESTRO
Gracias , Padre nuestro , por inventar la materia,
por dotarnos de un cuerpo con cinco sentidos
y poder participar de este mundo maravilloso;
por infundirnos una cuota de tu esencia inmortal:
el Alma, que es inteligencia y voluntad.
Gracias por la vida!
Líbranos de todo mal.
Consuélanos. Perdónanos.
Cuida las almas de los que nos amaron.
Gracias Dios bondadoso, Padre compañero.