Poetas Latinoamericanos

I - J

Juana de Ibarbourou

(1892 - 1979)

CENIZAS

Se ha apagado el fuego. Queda sólo un blando
montón de cenizas,
donde estuvo ondulando la llama.

Ahí tienes, amigo, hecho porción quieta
de polvo liviano,
a aquel pino inmenso que nos dió su sombra,
fresca y movediza, durante el verano.

Tan alto, tan alto, que pasaba el techo
de la casa mía,
Si hubiera podido guardarlo en dobleces,
ni en el arca grande del desván cabría.

Y del pino inmenso ya ves lo que queda.
Yo, que soy tan pequeña y delgada,
¡qué montón tan chiquito de polvo
seré cuando muera!

EL NIDO

Mi cama fue un roble
y en sus ramas cantaban los pájaros.
Mi cama fue un roble
y mordió la tormenta sus gajos.
Deslizo mis manos
por sus claros maderos pulidos,
y pienso que acaso toco el mismo tronco
donde estuvo aferrado algún nido.
Mi cama fue un roble.
Yo duermo en un árbol,
en un árbol amigo del agua,
del sol y la brisa, del cielo y del musgo,
de lagartos de ojuelos dorados
y de orugas de un verde esmeralda.
Yo duermo en un árbol.
Oh, amado, en un árbol dormimos.
Acaso por eso me parece el lecho,
esta noche blando y hondo cual un nido.
Y en ti me acurruco como una avecilla
que busca el reparo de su compañero.

Que rezongue el viento, que gruña la lluvia,
¡contigo en el nido, no sé lo que es miedo!

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto.
Si ella escucha,
Si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
- Hoy a mí me dijeron hermosa.

SALVAJE

Bebo del agua limpia y clara del arroyo
y vago por los campos teniendo por apoyo
un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido,
que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.

Así paso los días, morena y descuidada,
sobre la suave alfombra de la grama aromada
comiendo de la carne jugosa de las fresas
o en busca de fragantes racimos de frambuesas.

Mi cuerpo está impregnado del aroma ardoroso
de los pastos maduros. Mi cabello sombroso
esparce al destrenzarlo, olor a sol y a heno,
a salvia, a yerbabuena y a flores de centeno.

¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena,
cual si fuera la diosa del trigo y de la avena¡

¡Soy casta como Diana
y huelo a hierba clara nacida en la mañana!

CARNE INMORTAL

Yo le tengo horror a la muerte.

Mas a veces cuando pienso
que bajo de la tierra he de volver
abono de raíces,
savia que subirá por tallos frescos
árbol alto que acaso centuplique
mi mermada estatura,
me digo: Cuerpo mío-
tú eres inmortal.

Y con fruición me toco
los muslos y los senos,
el cabello y la espalda,
pensando: ¿palpo acaso
el ramaje de un cedro,
las pajuelas de un nido,
la tierra de algún surco
tibio como de carne femenina?

Y extasiada murmuro:
-Cuerpo mío: ¡estás hecho
de sustancia inmortal!

EL FUERTE LAZO

Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
Implora a tus manos su golpe de gracia.
Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.
Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.
Alas di
por ti.
Cázame. Falena
rodeo tu llama de impaciencia llena.
Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!
Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?
En vez de abalorios para mis cabellos,
siete espinas largas hundiré entre ellos,
y en vez de zarcillos pondré en mis orejas
como dos rubíes dos ascuas bermejas.
Me verás reír
viéndome sufrir.
Y tú llorarás
Y entonces... ¡más mío que nunca serás!

RAIZ SALVAJE

Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzo rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tu no sabes en que hondos recuerdos
estoy abstraída!

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aun mi epidermis morena
no se que fragancias de trigo emparvado.

¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!

Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.

LA HORA

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora, que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
Ahora, que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana, Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

VIDA GARFIO

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto,
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
Por la parda escalera de las raíces vivas
¡yo subiré a mirarte en los lirios morados!

EL PUENTE ROTO

Yo me siento tu hermana, oh puente destruido.
Me conmueve la angustia de tu gesto de manco,
que en una orilla eleva su brazo carcomido
para siempre impotente de alcanzar el barranco.

¿Es que acaso sabemos el dolor que tortura
tu entraña de cemento desgarrado y sombrío,
ahora que no tiendes tu serpentina oscura
sobre el dorso brillante y encantado del río?
¡Ah! Tú fuiste el amigo del viento y la tormenta,
del sol y de la nieve, de la espuma violenta
como un látigo blanco. Hermano, hermano puente,

también yo fui la dueña de un sueño, mas ahora
inútil es que tienda mi mano imploradora:
no toco el paraíso que se abre ante mi frente.

¡MUJER!

Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna,
de sombra y silencio me había de dar!
¡Cómo, noche a noche, solo ambularía
por los campos quietos y por frente al mar!

Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, que loco,
tenaz vagabundo que había de ser!
Amigo de todos los largos caminos
que invitan a ir lejos para no volver!

Cuando así me acosan ansias andariegas
¡qué pena tan honda me da ser mujer!




Ricardo Jaimes

(1868 - 1933)

LOS CHARCAS

El golpe centelleante del castellano acero
extinguió en la cruz blanca su resplandor mortal,
y como un nido de águilas alzó el aventurero
la ciudad del reposo, hidalga y conventual.

La vio desde las cumbres el indio torvo y fiero;
vio su altar y su toga, su espalda y su puñal,
y acaso, entre las sombras, el fulgurar postrero
del astro que alumbraba la fortuna imperial.

No dio la raza mártir su cuello a la cuchilla;
mil veces escucharon las huestes de Castilla
el silbar de sus flechas y el rugir de su voz,

y turbaron sus sueños en las noches de plata
el semblante de bronce, la diadema escarlata,
la mirada terrible y el ademán feroz.

LO FUGAZ

La rosa temblorosa
se desprendió del tallo
y la arrancó la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo,
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados,
y confundida con el lodo negro,
negras, aún más que el lodo, se tornaron.

Pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.

PEREGRINA PALOMA

Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.

Vuela sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores
haya, a tu paso, un haz de resplandores
sobre la adusta roca solitaria.

Vuela sobre la roca solitaria,
peregrina paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve

como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria.