Poetas Norteamericanos

W - X

Walt Whitman

(1819 - 1892)

HOJAS DE HIERBA

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas,
y que la hormiga no es menos perfecta, ni lo es un grano de arena o el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra de arte para los gustos más exigentes,
y que la zarzamora adornaría los salones del cielo,
y que la articulación más pequeña de mi mano humilla a todas las máquinas,
y que la vaca masticando con la cabeza gacha supera a cualquier estatua,
y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.

Veo a Dios en los rostros de hombres y mujeres, y en mi propio rostro en el espejo,
encuentro cartas de Dios tiradas por la calle, todas están firmadas con su nombre,
y las dejo donde están, pues sé que vaya donde vaya,
siempre llegarán otras puntualmente.

Descubro que llevo en mí gneis, carbón, musgos filamentosos, frutas, cereales, raíces comestibles,
y que he sido recubierto de un estuco de cuadrúpedos y pájaros,
y que he puesto distancia, por buenas razones, con lo que quedó atrás,
pero hago que comparezca ante mí cualquier cosa cuando así lo deseo.

En vano el apuro o la cautela,
en vano las rocas plutónicas despiden su antiguo calor para que no me aproxime,
en vano el mastodonte se repliega en su propia osamenta calcinada,
en vano los objetos se alejan muchas leguas y adoptan múltiples formas,
en vano el océano cava grandes fosas y hunde enormes monstruos en el fondo,
en vano el buitre elige el cielo por morada,
en vano la víbora se escurre por las plantas trepadoras y los troncos,
en vano el uapití escapa por los senderos más ocultos del bosque,
en vano el alca enfila hacia Labrador en el norte lejano,
voy detrás prestamente, trepo hasta el nido en la grieta del risco.

Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos,
me detengo y los observo largamente.

Ellos no se impacientan ni se lamentan de su situación,
no lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto,
no me fastidian con discusiones sobre sus deberes hacia Dios,
ninguno está descontento, ninguno padece la manía de poseer objetos,
ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios,
ninguno es responsable o desdichado en toda la faz de la Tierra.
Así me muestran su relación conmigo, y yo la acepto,
me traen señales reveladoras de mí mismo, prueban claramente que las tienen en su poder.
Me pregunto dónde habrán recogido esas señales,
transité yo ese camino en épocas remotas y las dejé allí olvidadas, negligente?

Yo avanzaba entonces, y avanzo ahora y siempre,
recogiendo y mostrando siempre más y aprisa,
infinito, de todas las especies soy, un igual entre ellas,
no selecciono demasiado a los que habrán de conservar mis recuerdos.

CANTO DE ALEGRÍAS
(Fragmento)


¡Oh, quiero elevar el canto más jubiloso,
entonar un canto de música lleno de virilidad, femenilidad e infancia,
lleno de tareas comunes, lleno de semillas y de árboles!
¡Que vivan en él las voces de los animales, la rapidez y el equilibrio
(de los peces!
¡Oh, un canto donde resuenen las gotas de la lluvia, brille la luz del
(sol
y se mezan las olas!
¡Oh! la alegría de mi espíritu, fuera de la jaula, alancea como el
(relámpago!
No me basta poseer este mundo, ni un tiempo limitado;
Tendré millares de mundos y todo el tiempo será para mí.

¡Oh, las alegrías del maquinista! ¡Correr como una locomotora!
¡Oír el siseo del vapor, el alegre chillido, el silbo del vapor!
¡Precipitarse irresistiblemente, perderse en la distancia!

¡Oh, alegre paseo por campos y colinas,
las hojas y las flores de las malezas más comunes,
la húmeda y fresca quietud de los bosques,
la exquisita fragancia de la tierra al apuntar el día y durante toda la
(mañana!
...¿Conoces tú las excelentes alegrías de los jóvenes?
¿Las alegrías de los queridos camaradas, de la palabra festiva y del
(rostro risueño?

¿La alegría de la jornada radiante, la alegría de los juegos en que se
(respira profundamente?
¿La alegría de la dulce música, de la iluminada sala de baile y de los
(bailarines?
¿La alegría de la comida opípara, de los grandes festines y del copioso
(beber?

Sin embargo, ¡oh, suprema alma mía!
¿Conoces las alegrías del ensismismamiento?
¿Las alegrías del corazón libre, y del corazón tierno y sombrío?
¿Las alegrías del paseo solitario, del espíritu abatido y, no obstante, orgulloso del dolor y de la dicha?
¿Conoces la inenarrable angustia, los éxtasis, las alegrías
de las noches o días de solemne meditación?
¿Las alegrías del pensamiento de la muerte, de las grandes esferas del
(Tiempo y del Espacio?

¿Las proféticas alegrías de mejores y más excelsos ideales de amor
de la esposa divina, del dulce y perfecto camarada?
¡La alegrías de tu ser imperecedero, las alegrías dignas de ti, oh, alma!

¡Oh, mientras viva quiero ser el dueño de la vida, no un esclavo!
Quiero afrontar la vida como un poderoso conquistador,
sin enojos, sin tedio, sin quejas, ni desdeñosas críticas
contra las altivas leyes del aire, del agua y de la tierra,
y sin dejar que nada exterior me gobierne jamás.

No sólo canto las alegrías de la vida: canto también la alegría de la muerte,
el hermoso contacto de la muerte que alivia y entorpece
durante unos instantes para que me desprenda de mi cuerpo
excrementicio y pueda ser quemado, hecho polvo y sepultado,
mi cuerpo real que me ha dejado para otras esferas,
mi cuerpo vacío que ya no es nada para mí, pues regresa a las purificaciones,
a otros destinos, a los eternos usos de la tierra.

¡Oh, atraer con algo más que la mera atracción!
Ignoro cómo ello es posible. Sin embargo, mirad:
se trata de algo que sólo obedece a sus propias leyes,
algo que ataca, que nunca se defiende y que, no obstante, ¡cuán magnéticamente atrae!
¡Oh, luchar contra grandes oposiciones, afrontar denodados enemigos!
¡Estar completamente solos ante ellos, saber lo que uno puede resistir!
¡Desafiar, cara a cara, las contiendas, las torturas, las pasiones, el odio popular!
¡Subir al cadalso, avanzar hacia las bocas de los fusiles con una perfecta calma!
¡Ser verdaderamente un Dios!
¡Oh, zarpar en un navío!
¡Abandonar esta intolerable tierra firme!
Abandonar esta intolerable uniformidad monótona de las calles, de las aceras y de las casas;
abandonarte, oh, sólida e inmortal tierra, subir a un barco y
¡Navegar!
¡Navegar!
¡Navegar!
¡Oh, que la vida sea en lo sucesivo un poema de renovadas alegrías!
¡Danzar, palmotear, exultar, gritar, saltar, rodar y flotar!
¡Ser un marinero del mundo con destino a todos los puertos!
¡Ser la nave misma!
(¡Mirad esas velas que despliego al sol y el viento!)
¡Una rauda nave henchida de ricas palabras,
pletóricas de alegrías!




Richard Wilbur

(1921 - Presente)

EXEUNT

Poco a poco muere el verano;
al borde del terreno una margarita vive solitaria;
un último mantón de quema se extiende
sobre la gris piedra del campo.

Todos los gritos son tenues y tersos;
el campo ha ensordecido la misa final del verano;
un grillo como un menguado coche fúnebre
sale arrastrándose del pasto seco.




William Carlos Williams

(1883 - 1963)

AUX IMAGISTES

Creo que jamás me había sentido tan exaltado
como ahora lo estoy por vosotros,
oh capullos mordidos por la escarcha
que de las envidiosas ramas negras
desplegáis vuestras alas.

Floreced pronto y aprovechad al máximo la luz del sol,
¡las ramas conspiran contra vosotros!
¡Oídlas!
¡Os tienen agarrados desde atrás!

No alzaréis vuelo
salvo ala tras ala, separadamente,
y aún así. . .
Ni siquiera ellas
aguantarán para siempre.

SOLO QUIERO HACERTE SABER

Que me he comido
las ciruelas
que estaban
en la heladera

y que
probablemente tú
guardabas
para el desayuno.

Perdóname
eran tan deliciosas
tan dulces
y tan frías

LAMENTO DE LA VIUDA EN PRIMAVERA

El luto es mi huerto
donde el pasto nuevo
brilla como ha brillado
antes tantas veces pero no
con el fuego frío
que me cerca este año.
Treinta y cinco años
viví con mi marido.
El ciruelo está hoy blanco
con masas de flores.
Masas de flores
cargan las ramas del cerezo
y a unos arbustos los tiñen
de amarillo y de rojo a otros
pero el luto en mi corazón
es más fuerte que ellas
pues aunque eran mi alegría
en otros días, hoy las observo
y me alejo olvidándolas.
Hoy mi hijo me dijo
que en los prados,
al borde de los densos bosques
a la distancia, vio
árboles con flores blancas.
Siento que me gustaría
ir allí
y caer entre esas flores
y hundirme en el pantano que hay cerca.