Poetas Norteamericanos

Q - R

Laura Riding

(1901 - 1991)

EL VIENTO SUFRE

El viento sufre de soplar,
el mar sufre de agua
y el fuego sufre de arder;
y yo, de un nombre de vivir.

Como la piedra sufre de ser pétrea,
como la luz de su brillo,
como los pájaros de sus alas,
también yo, de mi ser quién.

¿Y cuál es la cura de todo esto?
¿Qué es el no y no sufrir?
¿Cuál es la parte mejor y última de esto?
¿Cuál, el más mí de mí?

¿Cómo el mundo-dolor será
más mundo y ningún dolor?
¿Cómo la fiel lluvia caerá
más mojada y más seca?

¿Cómo la terca sangre correrá
más roja de sal y blanca de dulzura?
¿Y cómo, en mi caso concreto,
chillar más y sonreír más?

Mediante ningún otro milagro,
mediante el mismo veneno eficaz,
mediante una angustia más perfecta,
mediante mi seguir muriendo.




Theodore Roethke

(1908 - 1963)

PLEGARIA

Si debo de mi Sentidos perder
te imploro, Señor, que me des a elegir
cuál de los Cinco podré conservar
antes que el olvido nuble mis sesos.
Mi Lengua está muerta por generaciones,
mi Nariz profana una cabeza airosa;
por prestar atención a pecados carnales
mis Oídos han sido del mismo demonio.
Y hay quienes dicen que la Vista es
el instrumento de la lujuria,
más furtivo que la Mano en canalla
y viciosa lascivia: ¡Nada de eso!
Su ultraje es gentil, jamás más violento
que una metáfora.
En verdad, el Ojo es el culpable
del más sagrado amor platónico:
Labio, Pecho y Muslo no pueden poseer
tan singular beatitud.
Por ende, Oh Señor, permíteme guardar
el Sentido que así, tan eficaz, me sirve.
Guárdate la Lengua y el Oído -todo lo demás-,
¡Deja que la Luz me asista hasta el sepulcro!