Poetas Norteamericanos

K - L

Kenneth Koch

(1925 - 2002)

DESEO DE PRIMAVERA

¡Días de calcio, días en que alimentamos nuestros huesos!
¡Días de hierro, que enriquecen nuestra sangre!
¡Días de agua salada, que nos dan valioso yodo!
¿Cuándo habrá un día de primavera que sea absolutamente común?
Pues es mi corazón quien necesita ser alimentado, y no mi orina
o mi cerebro, y deseo dar un salto hasta Pittsburgh
de Tuskegee, en Indiana, de ser necesario, abriéndome como una flor
a la luz primaveral y desarrollándome como una escalinata de plata.
¡Sólo esto me dejaría satisfecho! ¡Ni siquiera la muerte me calmaría!
¡Ni siquiera pólizas rotas de seguros de vida, el cáncer, la pérdida de la salud,
el mobiliario arruinado, la enfermedad de la próstata, los dolores de cabeza, la melancolía,
no, ni siquiera un lobo voraz que se comiera mi carne!
¡Quiero la primavera, quiero girar como un "móvil"
en un aire fresco y nuevo! ¡No quiero invernar
entre muros, entre muros! ¡Quiero aguantar
mi parte en la angustia de estar sucintamente aquí!
¡Ni siquiera mariposas en el embrujo de la llama
pueden querer la calidez tanto como yo!
¡Ni siquiera el piloto que se desliza al gran mar verde
en llamas puede querer menor convertirse en carámbano!
Por más que admire la industria del carámbano, ¿cómo darme por satisfecho
con margaritas y rosas artificiales, y con peras de cera?
¡Oh brisa, encanto mío, ven aquí, para que no quede idiotizado!
¡Cara frescura del cielo, ven pronto y siéntate en mi silla!




Denise Levertov

(1923 - 1997)

EL SABIO

El gato está comiendo las rosas;
es así como es.
No lo detengas, no detengas
el mundo que da vueltas,
es así como son las cosas.
El tres de mayo
hubo niebla; el cuatro de mayo
quien sabe. Barre
la porción de rosas, arroja los restos
en medio de la lluvia.
Él no come jamás
todas las partes, dice
que los corazones son amargos.
Él es así, conoce
el mundo y el estado del tiempo




Robert Lowell

(1917 - 1977)

"PARA HABLAR DEL INFORTUNIO QUE HAY EN EL MATRIMONIO"

"Son las generaciones futuras que arre-
meten hacia la existencia por intermedio
de estos sentimientos exuberantes y estas
burbujas de jabón supersensibles que somos".

                                                  Schopenhauer.

"La noche calurosa nos hace dejar abiertas las ventanas de nuestro dormitorio.
Florece nuestra magnolia. La vida empieza a suceder.
Mi marido excitado abandona sus discusiones caseras
y sale a callejear en busca de prostitutas,
cruzado sin cruz que va por el filo de la navaja.
Este chiflado sería capaz de matar a su mujer y, después, jurar que es abstemio.
Oh la monótona mezquindad de su lujuria...
Es la injusticia... él es tan injusto:
cegado por el whisky, para llegar a las cinco fanfarroneando a casa.
Mi único pensamiento es como conservar la vida.
Que lo excita? Ahora todas las noches me ato
diez dólares y su llave del auto a mi muslo...
Azuzado por el climaterio de su privación,
se atasca encima de mi como un elefante".

EL PATIBULO (Fragmento)

Mis hermanos humanos que vivís después de mi;
vedme colgar. Mis huesos comen a través de la piel
y la carne que llevaron aquí sobre el mentón
y lamedora garra de su codicia.
Ora aquí, ora allá, el estornino y la gaviota
despedazan los ojos como aristas de mi pecado.
Hermanos, mas picos de pájaros que agujas en
las profundidades de la Tapicería de Bayeux:
"Dios lo quiere, lo quiere, lo quiere: es sangre".
Hermanos míos, si os llamo hermanos, ved:
la sangre de abril que llora de los muertos
se pega a mi cráneo y a mis ojos ennegrecidos. Para que
quiere lebensraum y pan, Abel muerto
y podrido en el travesaño del árbol?

MARIDO Y MUJER

Domados por el Miltown, estamos acostados en la cama de
mamá;
el sol naciente con pintura de guerra nos tiñe de rojo;
a la plena luz del día sos dorados postes brillan
desenfadados, casi dionisíacos.
Por fin los árboles están verdes en Marlborouhg Street,
los capullos de nuestra magnolia inflaman
la mañana son su blancura de cinco días sanguinarios.
Toda la noche te he tenido de la mano
como si hubieras
por cuarta vez hecho frente al reino de la demencia
-su palabra trillada, su mirada homicida-
arrastrándome vivo a casa. . . Oh mi Petite,
la más clara de todas las criaturas de Dios, aún toda aire y ánimo;
tú andabas por los veinte años y yo,
una vez con la mano en el vaso
y el corazón en la boca,
bebí más que los Rahy en el calor
de Greenwich Village, desmayándome a tus pies;
demasiado agitado y tímido
y poco expresivo para tirarme un lance,
mientras la estridente verba
de tu invectiva abrasaba el Sur tradicional.
Ahora, doce años después, vuelves la espalda.
Insomne, retienes tu almohada en tus hoyos como un chico,
tu andanada de antaño
-amorosa, rápida, implacable-
rompe como el Océano Atlántico sobre mi cabeza.