Poetas Norteamericanos

G - H

Allen Ginsberg

(1926 - 1997)

AULLIDO
(Fragmento)


¡Carl Solomon! Estoy contigo en Rockland
donde estás más loco que yo
Estoy contigo en Rockland
donde debes sentirte muy extraño
Estoy contigo en Rockland
donde imitas la sombra de mi madre
Estoy contigo en Rockland
donde has asesinado a tus doce secretarias
Estoy contigo en Rockland
donde te ríes de este humoroso invisible
Estoy contigo en Rockland
donde somos grandes escritores con la misma máquina de escribir espantosa
Estoy contigo en Rockland
donde tu estado ha llegado a ser grave y se lo da a conocer por la radio
Estoy contigo en Rockland
donde las facultades del cráneo ya no admiten los gusanos de los sentidos
Estoy contigo en Rockland
donde tomas el té de las tetas de las solteronas de Utica
Estoy contigo en Rockland
donde golpeas los cuerpos de tus enfermeras las harpías del Bronx
Estoy contigo en Rockland
donde das alaridos en un chaleco de fuerza porque estarías perdiendo la partida del ping-pong real del abismo
Estoy contigo en Rockland
donde golpeas en el piano catatónico que el alma es inocente e inmortal que nunca debería morir impíamente en un manicomio armado
Estoy contigo en Rockland
donde cincuenta descargas más nunca devolverán tu alma a su cuerpo de nuevo tras su peregrinaje a una cruz en el vacío
Estoy contigo en Rockland
donde acusas a tus médicos de demencia y urdes la revolución socialista hebrea contra el Gólgota nacional fascista
Estoy contigo en Rockland
donde partirás los cielos de Long Island y harás resucitar tu Jesús humano vivo de la tumba sobrehumana
Estoy contigo en Rockland
donde hay veinticinco mil camaradas locos que cantan en coro las estrofas finales de la Internacional
Estoy contigo en Rockland
donde abrazamos y besamos a Estados Unidos bajo nuestras sábanas Estados Unidos que tose toda la noche y no quiere dejarnos dormir
Estoy contigo en Rockland
donde electrizados nos sacan del coma los aeroplanos de nuestras almas que rugen sobre el techo han venido para arrojar bombas angelicales el hospital se ilumina muros imaginarios se derrumban Oh esqueléticas legiones corren afuera Oh choques eléctricos con estrellas y franjas choques de piedad la guerra eterna es aquí Oh victoria olvida tu ropa interior somos libres
Estoy contigo en Rockland
en mis sueños andas empapado tras un viaje marítimo por la avenida a través de América en lágrimas hasta la puerta de mi choza en la noche occidental




Horace Gregory

(1898 - 1982)

EL MENDIGO EN LA PLAYA

No he venido aquí a charlar,
he venido a sentarme; he sido trasplantado
de la esquina de un Primer Banco Nacional
en una calle al viento para echar raíces
en los guijarros, las conchas y la arena;
es mi sombra y no mi brazo
lo que extiende sus dedos en un guante vacío
y que tan fácil sería confundir con una mano.
Mi silencio son
los gritos que nadie oye de aquellos que andan
adonde no va ninguna balsa, donde velas, mástiles y chimeneas
desaparecen océano arriba en una ola que va
por el Este, más allá de la tenue línea del horizonte;
por mi hombro izquierdo hay una nube
que se condensa en tormenta
sobre una siesta dominical con la playa llena de gente;
la nube es gemela de mi sombra en la marejada
que bate aguas áureas hasta hacerlas plomo y plata
a voluntad.
Responde a mi acertijo:
no soy espejismo sino criatura de carne
nacida de un mar que no tiene
olas ni playa ni luna ni estrellas:
ello fue mi desgracia. ¿Acaso tú tienes más
suerte? ¿eres para siempre joven, apuesto, con muchas
Amistades? ¿conoces poco el miedo, no te inquietan las dudas,
Nada te entristece y en la oscuridad conservas la esperanza?
¿así es como eres? ¿o bien ardes
como mis venas arden con calor incesante?
Me respondas o no,
incluso a mediodía el disfraz que llevo
son el cuerpo y los trapos de Cronos sin piernas
antes de que Dios recorriera el cielo. Mírame y su sombra
convierte los días de fiesta en las ramblas: los reduce
a kilómetros de botellas rotas y fierros torcidos,
Vistos a través de una ventana gris en medio de la lluvia.
Ríndele homenaje,
la sombra siempre está aquí. Ahora puedes echar
tu moneda en mi sombrero.