Poetas Norteamericanos

E - F

Richard Eberhart

(1904 - 2005)

JOB

Job, horrible e indistinto, la cabeza llena de ampollas,
observando que el mediodía acrecienta el mal, con mirada perruna
lame la luz del día y luego se cava en el costado. El pesar,
ahíto de la soledad humana, lo corroe
en la lobreguez a medias y triste reino del dolor.
Llama a veces a su Hacedor, se rasca una úlcera,
sentado en un ocaso verde, indistinto, borroso,
meramente el acusado, el lastimoso, no el acusador.




Thomas S. Eliot

(1888 - 1965)

THE DRY SALVAGES

No sé mucho sobre dioses, pero pienso que el río
es un fuerte dios pardo: arisco, indomado, intratable,
paciente hasta cierto punto, aceptado al principio como frontera;
útil, poco digno de confianza como portador de comercio;
después, nada más que un problema planteado al constructor
de puentes.
Ya resuelto el problema, el dios pardo está casi olvidado
por los pobladores de las ciudades; pero siempre es implacable,
puntual con sus estaciones y sus furias, destructor, recordativo
de lo que los hombres optan por olvidar. Sin ofrendas, sin ser
propiciado
por los adoradores de la máquina, pero a la espera, observando
y a la espera.
Su ritmo estuvo presente en el dormitorio de los niños,
en el lozano ailanto del patio en abril,
en el aroma de uvas de la mesa otoñal
y en el círculo nocturno de la invernal luz de gas.
El río está adentro nuestro, el mar nos rodea por todas partes;
el mar es el borde de la tierra también, el granito
hasta el que llega, las playas donde lanza
sus muestras de otra creación más primitiva
la estrella de mar, el límulo, el espinazo de ballena;
las piletas donde brinda a nuestra curiosidad
las algas más delicadas y la anémona marina.
Lanza al aire nuestras pérdidas, la red desgarrada,
pedazos de olla para langosta, el remo roto
y los equipos de extranjeros muertos. El mar tiene muchas voces,
muchos dioses y muchas voces.
Hay sal en la rosa silvestre
la niebla está en los abetos.
El aullido del mar
y el gañido del mar son voces diferentes
que a menudo se escuchan juntas: los gemidos en el cordaje,
la amenaza y caricia de ola que rompe contra el agua,
la distante repetición en los dientes de granito,
y el llanto que avisa desde el promontorio ya próximo
son todas voces del mar, así como el quejoso que vira
rumbo a casa y la gaviota;
y bajo la opresión de la silenciosa bruma
la campana que tañe
mide tiempo no nuestro tiempo, tocada por la marejada
sin prisa, un tiempo
más viejo que el tiempo de los cronómetros, más viejo
que el tiempo contado por mujeres preocupadas hasta la an-
gustia
que se quedan despiertas, calculando el futuro,
tratando de destejer, desenredar, desembrollar
y reunir el pasado y el futuro,
entre la medianoche y el alba, cuando el pasado es todo engaño,
el futuro sin futuro, antes de la guardia matutina
cuando el tiempo se para y el tiempo no termina nunca;
y la marejada, que está y estuvo desde el comienzo,
tañe
la campana.

HISTERIA

Mientras ella se reía me di cuenta de que yo iba quedando
envuelto en su risa y formando parte de la misma, hasta que sus
dientes solo fueron estrellas accidentales con cierto don para los
ejercicios de patrulla. Fui atraído por breves boqueadas, inha-
lado en cada pausa momentánea, perdido finalmente en las
sombrías cavernas de su garganta, magullado por las ondulaciones
de músculos invisibles. Un camarero viejo de manos temblo-
rosas estaba tendiendo apresuradamente un mantel a cuadros
rojizos y blancos sobre la mesa verde de hierro herrumbrado,
mientras decía: "Si la dama y el caballero desean tomar el té en el
jardín, si la dama y el caballero desean tomar el té en el
jardín... " Decidí que si pudiera detenerse el temblor de sus
pechos, algunos fragmentos de la tarde quizá fueran salvables
y con ese fin concentré mi atención con minuciosa sutileza.

MARINA

Qué mares qué playas qué rocas grises y qué islas
qué agua lamiendo la proa
y aroma de pino y el tordo cantando a través de la bruma
qué imágenes regresan
oh hija mía.

Quienes afilan los dientes del perro, queriendo
muerte
quienes resplandecen con la gloria del colibrí, queriendo
muerte
quienes se sientan en la pocilga de la satisfacción, queriendo
muerte
quienes sufren el éxtasis de los animales, queriendo
muerte

Se han vuelto insustanciales, reducidos por un viento,
un soplo de pino, y la bruma que canta espontánea
por esta gracia disuelta en su lugar
¿Qué es este rostro, menos claro y más claro,
el pulso en el brazo, menos fuerte y más fuerte
dado o prestado? más distante que estrellas y más cerca que el ojo

Susurros y sonrisitas entre hojas y pies apresurándose
bajo el sueño, donde se juntan todas las aguas.
Bauprés rajado por hielo y pintura rajada por el calor.
Yo hice esto, lo he olvidado
y recuerdo.
El aparejo débil y el velamen podrido
entre un junio y otro septiembre.
Hice esto desconociendo, semiconsciente, desconocido, lo mío.
La hilada de aparadura hace agua, las costuras necesitan calafateo.
Esta forma. este rostro, esta vida, a mi palabra por la que no está dicha,
por quien despierta, los labios separados, la esperanza, los barcos nuevos.
¿Qué islas qué playas qué islas graníticas hacia mis cuadernas
y tordo que llama a través de la bruma
hija mía.




Lawrence Ferlinghetti

(1919 - Presente)

UNA CONEY ISLAND DE LA MENTE
(Fragmento)


La vista del poeta mirando obscenamente
ve la superficie del mundo redondo
con sus techos borrachos
sus oiseaux de madera en las sogas del lavado
y sus machos y hembras de arcilla
con piernas calientes y pechos de pimpollos
en camas convertibles
y sus árboles llenos de misterios
y sus parques dominicales y estatuas sin habla
y su América
con sus aldeas fantasmas e islas de Ellis vacías
y su paisaje surrealista de
praderas sin espíritu
suburbios de supermercados
cementerios con calefacción de vapor
días santos de cinerama
y catedrales en acto de protesta
un mundo a prueba de besos, un mundo de asientos plásticos
para inodoros tampax y taxis
vaqueros de tienda drogados y vírgenes de las vegas
indios desposeídos y matronas locas por el cine
senadores nada romanos y concienzudos no-opositores
y todos los demás fatídicos fragmentos mochados
del sueño inmigrante que se ha vuelto demasiado real
y se ha extraviado
entre los que toman baños de sol




Robert Frost

(1874 - 1963)

FUEGO Y HIELO

Unos dicen que el mundo terminará en fuego,
otros dicen que el hielo.
Por lo que he gustado del deseo,
Estoy con los partidarios del fuego.
Pero si tuviera que sucumbir dos veces,
creo saber bastante acerca del odio
como para decir que en la destrucción el hielo
también es poderoso
y bastaría.

EL PASTO

Salgo un momento a limpiar la fuente de la dehesa;
sólo me detendré a sacar las hojas con el rastrillo
( y tal vez espere para contemplar el agua limpia ).
No voy a demorarme mucho. Venga usted también.

Salgo a buscar el ternerito
que está parado junto a la madre. Es tan chico
que se tambalea cuando ella lo lame.
No voy a demorarme mucho. Venga usted también.

UN PAJARO MENOR

He deseado que un pájaro se fuera volando
en vez de cantar junto a mi casa, todo el día.

Le he batido palmas desde la puerta
cuando me pareció que ya no aguantaba más.

La culpa en parte debe haber sido mía.
No era culpa del pájaro su tono musical.

Y por supuesto debe haber algo de malo
en lo de querer silenciar cualquier canción.

POLVO DE NIEVE

El modo en que un cuervo
sacudió sobre mí
el polvo de nieve
desde un abeto
le ha infundido a mi corazón
un nuevo ánimo,
salvando una parte
de un día de pesar.