Poetas Latinoamericanos

O - P

Pedro Miguel Obligado

(1892 - 1967)

ESTA PENA MÍA

Esta pena mía... no tiene Importancia...
sólo es la tristeza de una melodía
y el último ensueño de alguna fragancia...
"¿Que todo se muere... que la vida es triste...
que no vendrás nunca por más que te espere,
que ya no me quieres como me quisiste?"
No tiene importancia... yo soy razonable;
no puedo pedirte ni amor ni constancia.
¡Si es mía la culpa de no ser variable!
¿Qué valen mis quejas si no las escuchas,
y qué mis caricias desde que las dejas,
quizás despreciados, porque fueron muchas?

Si esta pena mía...
no es más que el ensueño de alguna fragancia,
no es más que la sombra de una melodía...
¡Ya ves que no tienen ninguna importancia!




José Joaquín de Olmedo

(1780 - 1847)

ALFABETO PARA UN NIÑO

Amor de patria comprende
cuanto el hombre debe amar:
Su Dios, sus leyes, su hogar,
y el honor que los defiende.

Bondad, el que la merece
con ánimo siempre igual,
ni se abate con el mal,
ni en el bien se ensorbece

Candor en toda expresión,
callar lo más que pudieres;
muy cortés con las mujeres,
pero sin afectación.

Dios es el sabio creador
que conserva y ama al hombre,
sea cual fuere su nombre,
condición, secta y color.

Estudio y aplicación
forman a la juventud,
y emulación de virtud
sin envidia ni ambición.

Franqueza, nunca indecencia,
usa en la conversación;
disimulo y no ficción;
libertad, nunca licencia

Gratitud siempre al favor
es un deber justo y grato;
y es por eso el hombre ingrato
es un monstruo que da horror

Honor es en sumo grado
el alma del ciudadano:
sin honor es miembro vano,
o pernicioso al Estado.

Ira hace al hombre un tirano
de inferiores y de iguales:
la ira es propia de animales,
porque no es afecto humano.

Juego es una diversión
honesto, si es moderado;
pero si es inmoderado
causa nuestra perdición.

Libertad ¡oh dulce nombre!
hermoso y celeste don:
tú eres la misma razón,
tú eres el alma del hombre.

Moral, la sana moral
consiste en amarse bien,
en hacer a todos bien,
y en no hacer a nadie mal.

Naturaleza sagaz
llena y rige al universo:
todo está bien; el perverso
solamente está de más

Oro es un bien apreciable
para el cómodo sustento;
pero es el mayor tormento
la sed de oro insaciable.

Pereza es enfermedad
tan mala como la muerte;
así no cabe el inerte
en ninguna sociedad

Quijotería es un vicio
que causa risa y desprecio,
pues es un quijote necio
corre aventuras el juicio.

Respeto a los superiores,
respeto y amor al padre,
amor, ternura a la madre,
reverencia a los mayores.

Sociedad es el estado
en que con otro vivieres,
y serás social si fueres
justo, modesto y aseado.

Tiranía y opresión
suenan y expresan lo mismo:
para salir de este abismo
es honrosa toda acción.

Venganza, nunca jamás:
nunca, nunca odio o rencor;
porque no hay placer mayor
como amar y perdonar.

Yo debo ser el primero
para mi conservación;
mas por buena educación
en sociedad el postrero.

Zelo en cumplir su deber
en cualquier condición,
será la única ambición
que un niño debe tener.

Estas reglas niño amado,
te harán un niño gracioso,
un joven pundonoroso,
un hombre bueno y honrado
y un anciano respetado
que a sus iguales auxilia,
sus diferencias concilia,
con bondad, no con rigor,
y muere siendo el honor
de su patria y su familia.




Germán Pardo García

(1902 - 1991)

LOS DÍAS

Los días se me van, como caballos jóvenes
que huyeran en tropel por el Llano infinito.
Los días se me van, como caballos jóvenes,
y cual látigo largo los azuza mi grito.

Se me escapan en grupos, y es enorme la huida.
No puede sujetarles mi voluntad el paso,
y se van, contra el viento, por los ámbitos claros,
nutridos con la sangre más honda de mi vida.

Los unos tienen roja la piel, la crin al viento
como penacho vivo, y la pupila audaz.
Son mis días de júbilo y de alegría bárbara.
Mi alegría es cual brinco de un caballo violento.
Los días se me van, como caballos jóvenes.
Los unos tienen blanca la piel, y hasta a los ríos
más puros de la vida, van a beber, y pacen
por collados de luz y montañas de paz.

Los otros llegan firmes hasta la cima inerte
donde mi corazón clavado en cruz está.
Son profundos sus ojos, no hacen ruido sus cascos,
y su piel es tan negra como noche de muerte.

Los días se me van, como caballos jóvenes
que huyeran en tropel por el Llano infinito.
Los días se me van, como caballos jóvenes,
y cual látigo largo los azuza mi grito.

Mas, un día en que todo me será más profundo,
la sangre más devota y el corazón más fiel,
cumplido ya, y finado mi pacto con el mundo,
la voluntad suprema sosegará el tropel.




Octavio Paz

(1914 - 1998)

FRENTE AL MAR

1
¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento es su forma.

2
Las olas se retiran
-ancas, espaldas, nucas-
pero vuelven las olas
-pechos, bocas, espumas-.

3
Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.

TUS OJOS

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el
hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo, puertas del mas allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea,
páramo.




José Pedroni

(1899 - 1968)

GRITO

Madre, aunque te haga llorar,
amo al herrero fogoso,
con todo mi cuerpo blanco,
por todo su cuerpo rojo.

En el baile, frente a mi,
que alegre estaba y que hermoso.
Quise no bailar con el;
no pude bailar con otro.

Cuando me abrazo, en los suyos,
puse a calentar mis ojos.
Sentí el hierro en mi cintura;
hierro y humo en mi contorno.

De su pelo me caían
estrellas sobre los hombros;
de su pelo ensortijado
con algo de fuego y oro.

Y me llene de un temblor
mezcla de miedo y de gozo;
el mismo temblor del agua
con un carbón en el fondo.

Madre, hacia el lado del fuego;
madre, hacia los altos hornos
se vuelve todo mi cuerpo
como girasol redondo.

Madre, hacia el lado del fuego;
donde esta el herrero torvo,
desnudo de espalda y pecho,
con una maza en el hombro.

Ay, que los campos están
ardiéndose en el bochorno!
Ay, que el río día y noche
crece con un ruido sordo!

La luna llena de viento;
el viento lleno de trompos;
mi boca llena de sed;
mi pelo lleno de polvo.

Madre, porque ya no sueno
sino con flores de aromo,
madre, porque solo veo
espigas y pechirrojos.

Por el ocio de mis pechos,
pesados, omo de plomo;
por el frío de mis pies
que no quieren dormir solos.

Por mi vestido enredado;
por mi palidez de hongo,
madre, déjame casar
con el herrero fogoso!

Forjada a mano mi cama;
toda de hierro redondo.




José María Peman

(1897 - 1981)

ROMANCE DE LOS SIETE PECADOS CAPITALES

Tarde abajo, el mayoral
de los siete toros negros
va sorbiéndose en un triste
rojo crepúsculo lento.

Zahones de hipocresía
lleva, y por pica el deseo:
con azahar de inocencia
tienen los estribos hechos.

Los toros con siete lunas
van corneando los vientos:
jazmines de barba espesa
tirando van contra el cielo.

- ¿A dónde vas mayoral?
-A tu corazón los llevo.

Prepara tu mariposa
de seda y luz para eljuego,
sácale filo a tu espada
con pedernales de miedo
¡Fina viene de pitones
la luna de un mal deseo!

¡Brava corrida, la tarde
aquella de mi tormento!
y seda morada, en medio.
Yo con la espada y la duda
Contra mí, siete deseos.

Me rozaron en la carne
las siete liras de huesos.
Geranios de sangre fresca
mis alamares prendieron.
Me salpicaron de espuma.
No me llegaron al cuerpo.

Cuando la tarde sorbía,
rojo, el crepúsculo lento,
por los prados, ya sin toros
luz de aurora en el sombrero
sin espuela y sin estribos
llegaba el Mayoral Bueno.
Vendas de seda traía
y aceite de olivos nuevos;
arena fresca en las manos
para enarenar el ruedo.

¿A dónde vas, mayoral?
-A tu corazón los llevo.




Carlos Pezoa Véliz

(1879 - 1908)

NADA

Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo ...¡Tal vez un perdido!
Un día de invierno lo encontraron muerto,
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban ... Entre sus papeles
no encontraron nada ... Los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.
Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa ... ¡Vaya unos simplones!
Una paleteada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro, se caló el sombrero
y emprendió la vuelta ... Tras la paleteada,
nadie dijo nada, nadie dijo nada ...




Enrique Jardiel Poncela

(1901 - 1952)

NUEVA YORK

Un templo junto a un teatro.
Veintitrés o veinticuatro
religiones diferentes.
Agitación. Disparate.
Un anuncio en cada esquina.
Jazz-band. Jugo de tomate.
Chicle, Whisky. Gasolina.

Circuncisión. Periodismo:
diez ediciones diarias,
que anuncian noticias varias
y todas dicen lo mismo.
Parques con una caterva
de amantes sobre la hierba
entre mil ardillas vivas.
Masas con fama de activas,
pero indolentes y apáticas...
"Estrellas", actrices, "divas"
y máquinas automáticas.

Oficinas sin tinteros:
con kalamazoos, ficheros,
con nueve timbres por mesa
y con patronos groseros
con cara de ave de presa.
Espectáculos por horas.
Sandwichs de pollo y pepino.
Ruido de remachadoras.
Magos y adivinadoras
de la suerte y del destino.

Hombres de un solo perfil,
con la nariz infantil
y los corazones viejos
el cielo pilla tan lejos,
que nadie mira a lo alto.
Radio. Brigadas de Asalto.
Sed. Coca-Cola. Sudor.
Cemento. Acero, Basalto.
Limpiabotas de color.

Garajes con ascensor.
Prisa. Bolsa. Sobresalto.
Y dólares. Y dolor;
un infinito dolor
corriendo por el asfalto
entre un Chevrolet y un Ford.