Poesía a Animales y Plantas

W - X

Walt Whitman

(1819 - 1892)

EL AMOR DE LAS AGUILAS

Yo caminaba por la senda que bordea el río (mi paseo
matinal, mi descanso)
Cuando hendió el aire un sonido apagado y súbito, el
amor de las águilas,
Su violento contacto amoroso en las alturas del espacio,
El abrazo, las garras entrelazadas, una rueda viviente que
gira impetuosa,
Cuatro alas agitándose, dos picos, torbellino de masas
apretadas debatiéndose,
Precipitándose, dando vueltas, cayendo en espirales,
Hasta detenerse sobre el río, las dos que son sólo una:
descansan un momento,
Se mecen en el aire quedamente, se separan, desunen las
garras,
Ascienden otra vez con sus alas lentas y firmes, y
prosiguen su vuelo, solos y divergentes,
Ella y él.




Richard Wilbur

(1921 - Presente)

EXEUNT

Poco a poco muere el verano;
Al borde del terreno una margarita vive solitaria;
Un último mantón de quema se extiende
Sobre la gris piedra del campo.

Todos los gritos son tenues y tersos;
El campo ha ensordecido la misa final del verano;
Un grillo como un menguado coche fúnebre
Sale arrastrándose del pasto seco.




William Carlos Williams

(1883 - 1963)

AUX IMAGISTES

Creo que jamás me había sentido tan exaltado
Como ahora lo estoy por vosotros,
Oh capullos mordidos por la escarcha
Que de las envidiosas ramas negras
Desplegáis vuestras alas.

Floreced pronto y aprovechad al máximo la luz del sol,
¡Las ramas conspiran contra vosotros!
¡Oídlas!
¡Os tienen agarrados desde atrás!

No alzaréis vuelo
Salvo ala tras ala, separadamente,
Y aún así...
Ni siquiera ellas
Aguantarán para siempre.




Carlos Wyld Ospina

(1891 - 1956)

LOS BURRITOS TARDOS

Los burritos suben la montaña
trabajosamente, por sendas agrestes...
La mansa alegría matinal les baña
de indecibles rocíos celestes.

Cargan blandas haces de espigas bermejas
que su aroma esparcen en el aire fresco;
Y de las movibles y grandes orejas
marca sus andares el ritmo burlesco.

Son frescos y dulces... Sus graves pupilas
saben del prodigio de sacras leyendas,
porque con pisadas lentas y tranquilas
cruzaron la senda de bíblicas sendas.

El azote innoble sobre el recio lomo
les dio los secretos de una antigua ciencia;
por eso en sus ojos; hay como un asomo
de melancolía, perdón y paciencia.

Ellos desconocen el Mal y esa vana
inquietud que agosta las almas inciertas:
viven su existencia matinal, hermana
de las vidas claras cual sendas abiertas.

Porque está el sentido de su mundo intenso
en las humildades del monte y río,
en la cotidiana virtud de su pienso
y el abrigo que da el caserío.

Hermanos, les dice la Filosofía.
Elegidos, dice, maternal, la tierra.
Sin embargo toda su sabiduría
sólo en su pristina sencillez se encierra.

Bajo la montaña los burritos mansos
van llevando a cuestas su carga florida;
mientras en sus ojos, tranquilos remansos,
tiene claridades inmensas la vida...