Poesía a Animales y Plantas

O - P

José Joaquín de Olmedo

(1780 - 1847)

CANTO AL VENCEDOR DE MIÑARICA
(Fragmento)


El caballo impaciente
de freno y de reposo...
se indigna, escarba el suelo polvoroso;
impávido, insolente
demanda la señal, bufa, amenaza,
tiemblan sus miembros,
su ojo reberbera,
enarca la cerviz, la alza arrogante
de prominente oreja coronada,
y, al viento derramada
la crin luciente de su cuello enhiesto,
ufano da en fantástica carrera
mil y mil pasos, sin salir del puesto.




Octavio Paz

(1914 - 1998)

LA HIGUERA

En Mixcoac, pueblo de labios quemados, sólo la higuera señalaba los cambios del año. La higuera, seis meses vestida de un sonoro vestido verde y los otros seis carbonizada ruina del sol de verano.
Encerrado en cuatro muros (al norte, el cristal del no saber, paisaje por inventar; al Sur, la memoria cuarteada; al este, el espejo; al oeste, la cal y el canto del silencio) escribía mensajes sin respuesta, destruidos apenas firmados. Adolescencia feroz: el hombre que quiere ser, y que ya no cabe en ese cuerpo demasiado estrecho, estrangula al niño que somos. (Todavía, al cabo de los años, el que voy a ser, y que no será nunca, entra a saco en el que fui, arrasa mi estar, lo deshabita, malbarata riquezas, comercia con la Muerte.) Pero en ese tiempo la higuera llegaba hasta mi encierro y tocaba insistente los vidrios de la ventana, llamándome. Yo salía y penetraba en su centro: sopor visitado de pájaros, vibraciones de élitros, entrañas de fruto goteando plenitud.

En los días de calma la higuera era una petrificada carabela de jade, balanceándose imperceptiblemente, atada al muro negro, salpicado de verde por la marca de la primavera. Pero si soplaba el viento de marzo, se abría paso entre la luz y las nubes, hinchadas las verdes velas. Yo me trepaba a su punta y mi cabeza sobresalía entre las grandes hojas, picoteada de pájaros, coronada de vaticinios

¡Leer mi destino en las líneas de la palma de una higuera! Te prometo luchas y un gran combate solitario contra un ser sin cuerpo. Te prometo una tarde de toros y una cornada y una ovación, Te prometo el coro de los amigos, la caída del tirano y el derrumbe del horizonte. Te prometo el destierro y el desierto, la sed y el rayo que parte en dos la roca: te prometo el chorro de agua. Te prometo la llaga y los labios, un cuerpo y una visión. Te prometo una flotilla navegando por un río turquesa, banderas y un pueblo libre a la orilla. Te prometo unos ojos inmensos bajo cuya luz has de tenderte, árbol fatigado. Te prometo el hacha y el arado, la espiga y el canto, te prometo grandes nubes, canteras para el ojo, y un mundo por hacer.
Hoy la higuera golpea en mi puerta y me convida. ¿Debo coger el hacha o salir a bailar con esa loca?




Rafael Pombo

(1833 - 1912)

EL RENACUAJO PASEADOR


El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana muy tieso y muy majo
con pantalón corto, corbata a la moda,
sombrero encintado y chupa de boda,
“¡Muchacho, no salgas!”, le grita mamá,
pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,
y le dijo: “¡Amigo! venga usted conmigo,
visitemos juntos a doña Ratona
y habrá francachela y habrá comilona”.
A poco llegaron, y avanza Ratón,
estirase el cuello, coge el aldabón,
da dos o tres golpes, preguntan: ¿Quién es?”
-“Yo, doña Ratona, beso a usted los pies”.
“¿Está usted en casa” -“Sí, señor, sí estoy;
y celebro mucho ver a ustedes hoy;
estaba en mi oficio, hilando algodón,
pero eso no importa; bien venidos son”.

Se hicieron la venia, se dieron la mano,
y dice Ratico, que es más veterano:
“Mi amigo el de verde rabia de calor,
démele cerveza, hágame el favor”.
Y en tanto que el pillo consume la jarra
mandó la señora traer la guitarra
y a Renacuajito le pide que cante
versitos alegres, tonada elegante.

-“¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora,
que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa”.

-“Lo siento infinito, responde tía Rata,
aflójese un poco chaleco y corbata,
y yo mientras tanto les voy a cantar
una cancioncita muy particular”.

Mas estando en esta brillante función
de baile y cerveza, guitarra y canción,
la Gata y sus Gatos salvan el umbral,
y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja
al niño Ratico maullándole: “¡Hola!”
Y los niños Gatos a la vieja Rata,
uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto
tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
y abriendo la puerta con mano y narices,
se fue dando a todos “noches muy felices”.
Y siguió saltando tan alto y aprisa,
que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
se coló en la boca de un pato tragón
y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres,
Ratón y Ratona, y el Rana después;
los gatos comieron y el Pato cenó,
¡y mamá Ranita solita quedó!

LAS SIETE VIDAS DEL GATO

Preguntó al gato Mambrú
el lebrel Perdonavidas
pariente de Micifú,
¿qué secretos tienes tú
para vivir siete vidas?

Y Mambrú le contestó:
mi secreto es muy sencillo,
pues no consiste sinó
en frecuentar como yo
el aseo y el cepillo.