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Vengo de los comedores
que dan al jardín de Amores.
!Oh reina de los ciruelos,
bengala de los manteles,
dormida entre los anhelos
de las aves moscateles!
¡Princesa de los perales,
infanta de los fruteros,
dama en los juegos florales
de los melocotoneros! -
¿A quién nombraré duquesa
de la naranja caída?
¿Quién querrá ser la marquesa
de la mora mal herida?
Vengo de los comedores
que dan al Jardín de Amores
EL PICCINO Y LA MARQUESA
Era tan pequeñito el gato cuando cayó en nuestras manos que
le llamamos Piccino. Hoy es tan grande como un tigre y seguimos
llamándole así: Piccino. Cuando estuvo en edad de aventuras,
vimos que era nocherniego y sinverguenza. Además, pendenciero.
Después de una noche defarra y combates, llegada a que le sanáramos
las heridas. El Piccino nos ha costado tanto en veterinario, que,
hecho un balance de cuatro años, sus cuentas superan a las
de mi médico. Pero como el gato es el lujo de mi casa, y para el
mejor desempeño del puesto que ocupo -embajador-, el gobierno
me destina una partida de gastos de representación, algún amigo
me dijo: son sus gatos de representación. El chiste no me hizo
gracia. Con todo, seguí atendiendo en primer término a las
cuentas del veterinario. Por la noche, las gatas y gatos de las
vecindades llegaban siempre a esperar al Piccino, y le llamaban.
El, así, ha figurado como la persona más sociable de la casa.
En un cierto momento los escándalos del Piccino habían subido
a tal punto que, por consejo del veterinario, nos resolvimos a
hacerle la operación. Las gatas siguieron visitándole por la noche,
pero pronto las reuniones tuvieron un melancólico aire de visitas
de pésame. Disminuyó la cuenta por heridas y el Piccino se mostró
cada vez más aficionado a nuestra casa. Sin haberse extinguido,
su vida social no es intensa. No ha perdido su cara de tigre. El
jardinero tiene un enorme perro lobo que inspira terror a todo el
mundo, menos al Piccino. Cuando el perro del jardinero se acerca
a mi casa, el Piccino encorva el espinazo, para los pelos, y hace
¡ bruuufff ! Entonces, el formidable perro lobo corre a perderse,
y el gato le persigue. En primavera, el gato salta por el prado y caza
pájaros al vuelo. De las lagartijas, le entusiasma la cola.
Una vez fueron tantas las colas de su merienda, que se dio tamaña
indigestión. Los visitantes que pasean por el jardín de mi casa se
sorprenden de una rara especie de lagartija sin cola. Debo reconocer
que el Piccino no es tan aficionado a la pesca como a la caza. De los
nueve peces de colores que tengo en un estanque, sólo se ha comido
uno. No le gustan colorantes en la mesa.
Es mayor la estimación que me tiene el Piccino que la que yo le tengo.
Hace poco, de vuelta de un viaje que hice al otro lado del Atlántico,
al verme, de un salto se me colocó sobre los hombros y echó a llorar.
Yo ignoraba que los gatos lloraban. Ese día las lágrimas del Piccino
me dejaron la camisa empapada. Cuando abro mi cuarto de trabajo,
si no estoy pronto a ocupar mi silla, él se apodera de ella, y a veces
se echa sobre la máquina de escribir. Tiene muy poco aprecio por mi
literatura.
La tolera sólo porque cuando escribo le hago compañía. Pero si a veces
no logro cumplir mi compromiso de enviar a tiempo la nota al periódico,
todo se debe a que el gato se ha adueñado de la máquina. Como creo
haberlo dicho, no tengo un intenso afecto al gato, pero lo respeto.
Al frente de mi casa vive la marquesa C. y al lado el conde V. El Piccino,
a lo que entendemos, es de origen morganático. Tiene algo de buena
familia que se le ve en la cara de tigre. En todo caso, tanto los de la
marquesa como los del conde le reciben encantados, y así, para mí, que
soy de inequívoca estirpe democrática, no deja de ser notable que un gato
de mi casa vaya a desayunar a casa de la marquesa y visite los salones
del conde. Hay algo profundamente extraño en estos privilegios de los
animales.
Por lo demás, dentro de mi casa, el Piccino es un aristócrata. En la cocina
traga exclusivamente lo que le da la gana, y ha impuesto su dieta especial.
Luego, pasa al salón, y en la mejor de las sillas, después de apretarse como
un ovillo, se relaja y, distendido en un abandono total, duerme horas y horas.
Si entonces me atrevo a llamarlo, se contenta con hacer una lánguida danza
en el aire con la cola y abrir enormemente la boca para mostrarme la dentadura
finísima de felino, y la lengua rosada que denuncia su excelente salud.
ÁRBOL VIEJO
El árbol que sombrea la llanura
tiene cien años de acendrar sus mieles
de temblar bajo el jubilo del cielo
alargando sus frutos sazonados,
de escuchar el silencio de la noche,
perennemente, sin decirles nada...
Los ladrones con el hierro al hombro
llegan en la fatiga de la tarde,
y piensan al mirarlo, simplemente:
"Ya rindió sus cosechas mas jugosas,
y ofrece al hacha los desnudos brazos
para alimento del hogar, cortémosle"
!Oh inquietud vespertina! !Como tiemblan
mis carnes cual las ramas sacudidas
del árbol que sombrea la llanura!
Me duele el corazón... En el lejano
horizonte se encienden los hogares,
y con un ritmo lánguido y liviano
parece que sollozan los palmares
Me quedo preguntándome a mi mismo:
¿para que sirve un árbol?, ¿para que darle
cuatro varas de sombra al césped trémulo?,
¿para que temblar bajo el azul del cielo
largando sus frutos sazonados?,
¿para que oír el silencio de la noche?,
¿para que sentir la fiebre de la tierra?,
¿para que ver las mozas del camino,
perennemente sin decirles nada?
Me quedo preguntándome a mi mismo
en la fulgida noche que desciende;
y ella, que en paz sus luminares prende,
dilata mi ansiedad con su mutismo...
ELEGÍA DE SEPTIEMBRE
Cordero tranquilo, cordero que paces
tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía:
hundiendo en el lodo las plantas fugaces,
huí de mis campos feraces
un día.
Ruiseñor de la selva encantada
que preludias el orto abrileño:
a pesar de la fúnebre Muerte y la sombra y la nada,
yo tuve el ensueño.
Sendero que vas del alcor campesino
a perderte en la azul lontananza:
los dioses me han hecho un regalo divino:
la ardiente esperanza.
Espigas que mecen los vientos, espiga
que conjuntas el trigo dorado:
al influjo de soplos violentos,
en las noches de amor, he temblado.
Montaña que el sol transfigura,
Tabor al febril mediodía,
silente deidad en la noche estelífera y pura:
¡ nadie supo en la tierra sombría
mi dolor, mi temblor, mi pavura!
Y vosotros, rosal florecido,
lebreles sin amo, luceros, corpúsculos,
escuchadme esta cosa tremenda: ¡Ha vivido!
He vivido con alma, Con sangre, con nervios, con músculos
y voy al olvido...
EL ALBATROS
La gente marinera, con crueldad salvaje,
suele cazar albatros, grandes aves marinas
que siguen a los barcos, compañeros de viaje,
blanqueando en los aires como blancas neblinas.
Pero apenas los dejan en la lisa cubierta
¡ellos, que el aire imponen el triunfo de su vuelo!
sus grandes alas blancas, como una cosa cubierta,
como dos remos rotos arrastran por el suelo.
Y el alado viajero toda gracia ha perdido,
y como antes hermoso, ahora es torpe y simiesco:
y uno le quema el pico con un hierro encendido
y el otro cojeando mira su andar grotesco.
El poeta recuerda a este rey de los vientos
que desdeña las flechas y que atraviesa el mar:
en el suelo, cargado de bajos sufrimientos
sus alas de gigante no le dejan andar.
VOLVERAN LAS OSCURAS GOLONDRINAS
Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas...¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer ,como lágrima del día...,
esas...¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...., desengáñate,
¡así no te querrán!
LA CARACOLA
Escondida en la dulce caracola
que la ampara del tiempo y la distancia,
y convertida en la feliz fragancia
de una flor ya sin tallo ni corola,
la ternura del mar, lejana y sola,
se transfigura en limpia resonancia,
y desde el mismo fondo de la infancia
vuelve a mi corazón, ola por ola.
Y en él repite con su voz más pura
sones que duermen desde aquellos días
en la profundidad de su clausura,
y notas que al subir desde su hondura
pueblan con sus remotas armonías
el gran silencio de mi noche obscura.
BESTIARIO
El Caimán
Es el Capitán del Río;
viejo zorro dormilón, viejo Neptuno,
con ese dolor de eternidad
de los que se salvaron del Diluvio.
En la playa candorosa
alza su boca abierta el Capitán del Río
como si fuera echando hacia los cielos
las almas de los que se ha comido.
Viejo zorro, compadre del filósofo,
sospechoso, como el lomo de un libro!...
La Raya
Alacrán de orilla,
comadre orillera,
oculta, como una mala intención,
enconosa, como una mala lengua.
Quizá no entra al Río
porque no la dejan
y se embosca en la orilla, como el mango de marzo,
que al quitarse la cáscara, nos la pone en la puerta.
El Temblador
Bólido entre dos aguas, gota de tempestad,
gato de agua -el alma de algún gato hundido--
o más bien un rayo que cayó una noche
y cuando iba hacia el fondo, se pasmó con el frío.
El Caribe
La diez millonésima parte
de un tiburón
multiplicada diez millones de veces.
El Caribe es la distancia más corta
que hay del Río a la muerte.
El Boa
La cola en el árbol, la boca en el río
es todo un cauce: :
entra al Orinoco la cascada viva,
el tributario de carne.
El Mono
Desde el árbol más alto, donde se toca el cielo,
colgado de la cola al pico de una estrella,
con la smanos tendidas, nos saluda el Abuelo.
Las Garzas
¿Es una nube? ¿Es un punto vacío
en el azul?... No, amigo mío,
es un bando de garzas... Son las novias del Río.
LA VACA BLANCA
De un amor que pasó, como un paisaje
visto del tren, cuando se va de viaje,
de un romance de un mes, en un cobijo
del llano, una mujer me dejó un hijo.
Ella murió y abrieron una fosa
y allí metieron el residuo humano
y una cúpula azul sobre una losa
fue el mausoleo: el cielo sobre el llano.
Y me dejó un pequeño
así de grande y como flor de harina,
con unos ojos como para un sueño
y el laberinto de su lengua china.
Yo vine de muy lejos para verle. Tenía
las pestañas muy largas; me miró fijamente
y me mostró la lengua bajo la calva encía,
con una picardía
de granuja que dice: -¿Qué me verá esta gente?-
Tuvo hambre. Yo anduve de covacha en covacha
comprándole su leche al niño ajeno;
cada vez que encontraba una muchacha,
con cierta gula le miraba el seno.
Había seis mujeres;
eran cinco doncellas y una vieja arrugada;
eran diez pechos para los placeres
y dos que no servían para nada.
Pasé por el corral y hallé en la puerta
la vaca blanca y su ternera muerta.
Y se vino hacia mí la vaca blanca,
una estrella en la frente y una cruz en el anca...
Mi niño era de nieve, su ternera, de armiño;
por su ternera, yo le di mi niño.
Y era aquel despertar por la mañana,
cuando rompía el sueño
el mugir de la vaca en la ventana
y el breve ordeñador iba al ordeño.
Y aquella boca en el pezón colgante
y aquel mirar de vaca, mansamente,
y después, él delante
del testuz, y la vaca le lamía la frente.
Hoy le enterramos. Vino
la fiebre y en dos días se me fue. En el camino
he encontrado la vaca; por la tierra albariza
se acercaba a lo lejos su dolor de nodriza......
Los dos nos arrimamos, y se puso a mirarme;
en la frente dolida se le avivó el lucero
y sus ojos remotos parecían hablarme
del dolor que le daba de perder mi ternero.
Y la nodriza y todo
cuanto del llano tuve, se me quedó en el llano...
La vaca me miraba...me miraba de un modo,
que yo sentí la angustia de tenderle la mano...
AL COYOTE
Durante siglos la infinita arena
de los muchos desiertos ha sufrido
tus pasos numerosos y tu aullido
de gris chacal o de insaciada hiena.
¿Durante siglos? Miento. Esa furtiva
substancia, el tiempo, no te alcanza, lobo;
tuyo es el puro ser; tuyo el arrobo,
nuestra, la torpe vida sucesiva.
Fuiste un ladrido casi imaginario
en el confín de arena de Arizona
donde todo es confín, donde se encona
tu perdido ladrido solitario.
Símbolo de una noche que fue mía,
sea tu vago espejo esta elegía.
LA CIERVA BLANCA
¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,
de qué lámina persa, de Qué región arcana
de las noches y días que nuestro ayer encierra,
vino la cierva blanca que soñé esta mañana?
Duraría un segundo. La vi cruzar el prado
y perderse en el oro de una tarde ilusoria,
leve criatura hecha de un poco de memoria
y de un poco de olvido, cierva de un solo lado.
Los númenes que rigen este curioso mundo
me dejaron soñarte pero no ser tu dueño;
tal vez en un recodo del porvenir profundo
te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño
EL TIGRE
Iba y venía, delicado y fatal, cargado de infinita
energía,
del otro lado de los firmes barrotes y todos lo mirába-mos.
Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre
del Oriente y el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan,
y los tigres que fueron y que serán y asimismo el tigre
arquetipo, ya que el individuo, en su caso, es toda la es--
pecie. Pensamos que era sanguinario y hermoso. No-
-rah, una niña, dijo: Está hecho para el amor.
A UN GATO
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño
EL ÁRBOL VIEJO
Buen árbol que perdiste bruscamente los dones
de la flor y del fruto, bajo la racha fría:
Tu pesadumbre austera se parece a la mía
y así, como tus hojas, volarán mis canciones.
Pero, tarde o temprano, vendrá la primavera,
y, al rejuvenecerse tu tronco envejecido
tendrás la flor y el fruto, y el follaje, y el nido...
Y yo, en cambio, no tengo tu esperanza siquiera.
Cien veces me ofreciste tu sombra en el verano;
cien veces tu perfume fue a visitar mi casa,
buen árbol que floreces mientras la vida pasa,
acaso porque ignoras que nunca pasa en vano.
Mi niñez te recuerda casi como un amigo,
aunque ya se agrietaba tu ancianidad de abuelo.
Y hoy, al ver como creces todavía hacia el cielo,
ni aun me queda el consuelo de envejecer contigo.
Pues, aunque nos agobian idénticos otoños,
sobre tus hojas secas crecen hojas lozanas,
y así, algún día, el viento despeinará mis canas,
trayéndome el perfume de tus nuevos retoños...
POEMA DEL ÁRBOL
La gracia de tu rama verdecida...
Antonio Machado
L'albero a cui tendevi la pargoletta mano...
CARDUCCI
Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento.
Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
SI, buen árbol: ya he visto cómo truecas
el fango en flor y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también, un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto recuerde
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde
ELEGÍA DEL ÁRBOL SIMBÓLICO
I
Este árbol arbitrario,
con sus ramajes sórdidos
y sus firmes raíces,
es un símbolo sordo.
En sus raíces jóvenes late la primavera,
y en su follaje seco se ha dormido el otoño;
pero, igual en lo hondo de la tierra
que en lo alto del cielo, tiene una chispa de oro!
Árbol crepuscular, loco de trinos,
húmedo de fragancias y de vientos remotos,
que en la pradera verde
te yergues impasible, huraño y solo.
Árbol roído de misantropía,
que ignoraste la plácida dulzura del retoño,
retorcido y desnudo,
magro, estéril y hosco.
Árbol dos veces árbol: Por ser alto
Y por ser hondo;
árbol locuaz en tu silencio,
árbol activo en tu reposo...
Árbol incólume en tu ruina,
íntegro en tus despojos;
árbol que rimas con tu propia sombra
el verso gris de tu responso.
Nunca en tus ramas ásperas se posaron los pájaros
a divagar sus vértigos sonoros,
ni nunca el fruto artificial de un nido
te retoñó el ramaje inhóspito.
Junto a las risotadas de un agua fresca y ágil
yergues la austeridad de tu dolor anónimo,
como un rígido ritmo inconcluso,
como un ímpetu absorto.
En la alegría azul de la mañana
remedas un grotesco monograma de plomo,
árbol robustamente endeble,
paradójicamente simbólico...
II
Mi vida es como un árbol arbitrario,
alto y hondo,
que inflama en sus raíces el vigor de la primavera,
y que repliega en su ramaje la pesadumbre del otoño!
EL ANCESTRO DEL CISNE
Entre la imperturbable quietud de la alameda,
donde el césped recama su tapiz absorbente,
la fuente silabea melancólicamente
as tímidas metáforas de una estrofa de seda
EL chorro de agua clara vacila, ondula y rueda,
irisando de espuma los labios de la fuente,
y sobre la amatista cóncava del poniente
el Sol funde los bordes de su roja moneda.
En el plácido estanque de linfa transparente
un cisne erige el asa de su cuello indolente,
y en actitud heráldica meditabundo queda...
Pero el plumaje cándido se eriza de repente,
y del pico de ámbar fluye un grito estridente,
ante un botón de rosa que flota en la corriente,
húmedo y sonrosado como el sexo de Leda...